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Los periodistas que cubren la revolución libia se han convertido en blanco de las fuerzas gadafistas

El martes pasado, Manu Brabo, fotoperiodista asturiano de la agencia EPA, almorzó a tres kilómetros de la universidad de Brega, en plena línea de fuego, esa zona de alto riesgo donde los informadores entran movidos por las ganas de contar un relato único. Lo acompañaban dos colegas españoles, un francés y un canadiense. Todos volvieron esa tarde a Bengasi salvo Manu, que fue apresado por las fuerzas gadafistas en compañía de dos fotógrafos estadounidenses y otro sudafricano.

Los cuatro son víctimas de la artillería gadafista que ayer tarde se detuvo frente a las puertas de Ajdabiya. La OTAN, incapaz de frenar el avance, volvió a atacar por error una posición rebelde. Cinco milicianos murieron. A última hora, el nerviosismo era evidente en Bengasi. Por la carretera de Ajdabiya llegaban centenares de vehículos cargados de familias en busca de refugio.

La guerra en el golfo de Sirte hace días que ha cruzado la línea de la lógica revolucionaria. Se ha convertido en un conflicto brutal, donde, como siempre, la población civil se lleva la peor parte, donde los periodistas son tan vulnerables como cualquiera y los muertos cavan una zanja que amenaza con hipotecar durante años cualquier proyecto de construir una nueva Libia.

Manuel Varela de Seijas Bravo, alias Manu Brabo, llevaba un mes captando las imágenes de este conflicto. Trabaja como freelance para la agencia EPA. Al frente iba sin ninguna protección, ni casco ni chaleco antibalas, como un miliciano más.

El martes salió de Bengasi con dos amigos españoles para fotografiar lo que pasaba en Brega. En cada checkpoint se encontraron con milicianos que les desaconsejaron seguir adelante. Hacia el mediodía habían llegado a las inmediaciones de la ciudad que, en las últimas dos semanas, ha cambiado varias veces de manos. Encontraron una partida de milicianos junto a la universidad. Les invitaron a compartir el almuerzo: pastelería industrial y refrescos de soda.

Los artilleros gadafistas estaban a menos de un centenar de metros de distancia. No les dejaron terminar el almuerzo. El proyectil cayó justo sobre su posición. Uno de los milicianos con los que estaban comiendo perdió las piernas. Lograron evacuarlo y retroceder. Una vez en zona segura, Manu Brabo y su compañero Guillermo Cervera optaron por regresar a primera línea. Se separaron. Cervera no volvió a verlo.

A media tarde, a 30 kilómetros de Brega, el asesor de seguridad del The New York Times explicó que las fuerzas gadafistas habían hecho prisioneros a cuatro fotoperiodistas. Los obligaron a salir del coche, prendieron fuego al vehículo y se los llevaron. En la madrugada de ayer, el recepcionista del hotel Africa confirmó que hacía dos días que Manu no dormía en su habitación. Lo mismo pasaba con otros tres fotógrafos, un sudafricano y dos estadounidenses. Human Rights Watch confirmó su apresamiento.

La guerra no es fácil de cubrir. La confusión domina el frente. La OTAN, por ejemplo, no sabía explicar ayer cómo pudo volver a atacar por error a los rebeldes. El sábado ya había matado a 13 en un bombardeo similar.

Los dos gobiernos –el rebelde de Bengasi, también– utilizan a la prensa internacional con tanta habilidad como pueden para vender su historia del conflicto. Las fuerzas gadafistas han matado a un reportero de Al Yazira (acribillado en Bengasi) y han detenido a una veintena de informadores. Casi todos han sido liberados.

Los periodistas son moneda de cambio y blanco legítimo para Gadafi. Los reporteros de la BBC han sido atacados más de una vez, así como los de Al Yazira. A los destacados en Trípoli y los de Bengasi nos intoxican a diario. Las informaciones que recibimos por los canales oficiales son casi imposibles de verificar.

Poco antes de enviar esta crónica, al Media Center de Bengasi llegó un mecánico que contó una historia de horror. Hacía apenas un par de horas que había llegado en un barco de pesca desde Misratah, ciudad asediada por las tropas de Gadafi donde la situación es crítica. Falta agua y alimentos. Hay más de mil muertos. El hospital está bajo ataque desde hace dos semanas. Tiradores dominan las azoteas. Muchos, según el mecánico, son subsaharianos. “También hay griegos y hasta mujeres colombianas disparándonos”, asegura.


Via La Vanguardia.es

Manu Brabo está en manos de las fuerzas de Gadafi

Manu Brabo, fotógrafo freelance contratado por la agencia EPA, fue capturado el pasado martes por las fuerzas leales al coronel Gadafi en las inmediaciones de Brega, según pudimos confirmar esta madrugada.

Brabo, en el momento de su apresamiento, iba acompañado por los estadounidenses Claire Morgane y James Fawley, y el sudafricano Anton Harmmel, según ha confirmado Human Rights Watch. Los cuatro estarían en Trípoli.

Hacia las diez y media de la mañana, las fuerzas gadafistas, apoyadas por la artillería, lanzaron un duro atraque contra las posiciones rebeldes en Brega. Los ataques fueron intensos durante toda la mañana. Brabo y sus compañeros se vieron atrapados entre dos fuegos y no pudieron escapar cuando los soldados leales al coronel Gadafi cortaron la carretera que lleva hacia el este.

Esto sucedió a primera hora de la tarde. Poco después, a unos 30 kilómetros a las afueras de Brega, donde quedó estabilizada la nueva línea de ataque, encontramos al equipo de The New York Times. El asesor de seguridad del diario, un especialista que indica hasta dónde es seguro arriesgarse, nos narró la escena de la detención de cuatro fotoperiodistas. Lo vio a distancia y no pudo identificarlos.

Los solados gadafistas obligaron a los cuatro fotógrafos a salir del vehículo. Siguiendo una práctica habitual, quemaron el coche. Luego se los llevaron.

Manu Brabo, cuyo nombre completo es Manuel Varela de Seijas Bravo, llevaba un mes cubriendo la guerra en el golfo de Sirte. Es natural de Gijón, donde nació en 1981.

Durante este mes de guerra, al menos, 25 periodistas han sido apresados por el ejército libio que lucha contra el alzamiento popular del 17 de febrero. Muchos de ellos han sido maltratados.


Via La Vanguardia.es

Las fuerzas de Gbagbo atacan a los Cascos Azules en Costa de Marfil

Abiyán. (EFE).- Las tropas del presidente saliente de Costa de Marfil, Laurent Gbagbo, pasaron hoy a la acción y atacaron una patrulla de la ONU, tras resistir ayer el acoso de las Fuerzas Republicanas de Costa de Marfil (FRCI), leales a Alassane Ouattara, reconocido internacionalmente como vencedor de los comicios presidenciales de noviembre.

El comando de la Misión de las Naciones Unidas en Costa de Marfil (ONUCI) se vio obligado a responder y alcanzó a cinco integrantes de las fuerzas especiales del presidente saliente, informó hoy la ONUCI en un comunicado.

En el ataque, cuatro Cascos Azules resultaron heridos de gravedad pero rápidamente recibieron atención médica en la clínica médica de la misión.

El portavoz de la ONUCI, Hamadoun Touré, dijo a Efe, en conversación telefónica, que desconocía si los milicianos favorables a Gbagbo alcanzados por los Cascos Azules habían fallecido a causa de sus réplicas: "La patrulla (de la ONUCI) no se detuvo. Continuó su camino".

Touré recalcó la actitud imparcial de los Cascos Azules y su voluntad de evitar cualquier enfrentamiento con las fuerzas marfileñas del bando que sean, pero aseguró que responderían si son atacados, en función al capítulo 7 de la Carta de las Naciones Unidas.

El intercambio de proyectiles llega después de que seguidores de Gbagbo alentaran, a través de un comunicado emitido hoy en la televisión pública de Costa de Marfil (RTI), a la movilización de sus tropas "para proteger las instituciones de la República".

El texto, que fue leído por un soldado leal a Gbagbo en presencia de ocho de sus compañeros vestidos de uniforme, afirmaba que sus posiciones fueron atacadas ayer "por hordas de mercenarios apoyados por los efectivos de la Misión de la ONU en Costa de Marfil (ONUCI) y de la operación francesa Licorne".

El militar alertó de la necesidad de que "soldados de las Fuerzas Armadas" se unieran a sus unidades en Abiyán, que soportaron ayer el tercer día de ofensiva militar en Abiyán por parte de las FRCI.

El comunicado fue trasmitido a través de la televisión pública (RTI) porque los partidarios de Gbagbo volvieron a hacerse hoy con el control del edificio, mientras que las FRCI afirmaron haber tomado el control total del Palacio Presidencial.

Así lo señaló la página web del bando de Ouattara, que acusó a "las milicias y mercenarios de el presidente saliente" de haber "ocupado ilegalmente la residencia oficial del jefe del Estado".

Las calles de Abiyán continúan desiertas, en parte por el éxodo masivo de marfileños en busca de zonas libres de conflicto, y en parte por el reinicio de las hostilidades en las inmediaciones del Palacio Presidencial y de la Gendarmería de Agban entre los bandos de Gbagbo y Ouattara.

Sin embargo, la victoria de Ouattara es cuestión de tiempo, según su portavoz, Oulotto Anne-Désirée: "El Presidente de la República os pide que esperéis solo unas horas y el país será totalmente liberado", dijo hoy en un comunicado televisado.

La operación francesa Licorne y la ONUCI siguen sus maniobras de vigilancia, esta última ha desplegado tres helicópteros que sobrevuelan el barrio de Angré para evitar saqueos. La Cruz Roja ha informado de la pérdida de centenares de vidas durante esta última semana en la ciudad occidental marfileña de Duékoué.

La Cruz Roja cifró en 800 el número de fallecimientos durante el martes, mientras que la ONUCI indicó hoy que, entre el lunes y el miércoles pasado, hubo 330 víctimas.

Mientras que la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH) a través de un comunicado difundido desde París cifró también en 800 el número de muertos y denunció "las ejecuciones sumarias, matanzas y actos de pillaje." Desde el exterior, no cesan las presiones para que Gbagbo ceda el poder.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, se unió ayer a las presiones de la Unión Africana, la Unión Europea y la Comunidad Económica de Estados del África Occidental (CEDEAO). Costa de Marfil se encuentra al borde de una guerra civil después de que Gbagbo, elegido presidente en 2000 para cinco años y que ha prolongado otros cinco su mandato debido al conflicto marfileño entre 2002 a 2007, no aceptara su derrota frente a Ouattara en la segunda ronda de los comicios presidenciales del 28 de noviembre.


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