Arde Levante

El domingo 24 de abril han convocado en el aeropuerto de Castellón a una rave party, una fiesta de esas con música y sustancias que te hacen flotar. La convocatoria está en el Facebook y cuenta ya con más de 5.000 adhesiones. Los organizadores responden con ello a la invitación de Carlos Fabra, presidente de la Diputación de Castelló, quien, durante la inauguración del aeródromo, invitó a todos los valencianos “a pasear por las pistas”. Lo han leído bien. Pasear por las pistas, porque en ese aeropuerto no hay aviones ni los habrá a corto plazo. Por no haber, no hay ni permiso de Fomento. Lo que no evita que, como dijera Francisco Camps en la misma inauguración, “Castellón está en lo más alto de la historia de España en este momento”.

Comparen tan festiva manera de proceder con lo que ocurre en Alguaire (Lleida), escenario de lo que parece un entierro de la sardina permanente. ¡Qué templados son los políticos valencianos aun cuando están cerca del abismo! Sobre todo si se les pone al lado de sus homólogos catalanes, casi en estado de shock. Ahí está, por ejemplo, el conseller Andreu Mas-Colell, quien como Santa Eulàlia en tiempos romanos, está dispuesto a dejarse inmolar antes que a “maquillar las cuentas”, como le estaría pidiendo el Ministerio de Economía. O ese PSC, en fase de esquizofrenia aguda, capaz de criticar al conseller por los recortes en el gasto público… pero al mismo tiempo de reclamarle que cumpla con lo que le piden sus correligionarios de Madrid, que son más recortes! Suerte que quedan políticos fríos como Francisco Camps, que ha ventilado la crisis de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) con un simple: “la culpa es del gobernador del Banco de España”.

Tan diferente manera de ver las cosas tiene que ver con los plazos electorales. En Catalunya se han celebrado ya elecciones autonómicas y no queda más remedio que cortar. En Valencia, como en otras partes, se deja la pedagogía para más adelante y se gana tiempo. A ver si ocurre el milagro...

Pero hay también razones culturales en esa manera de proceder. Catalanes y valencianos comparten modelo empresarial, lengua (las dos que hablan, vaya) y vecindaje mediterráneo. Pero con grandes matices. En el norte son/somos más sosos y rígidos (¡“los alemanes de Europa”, ha dicho Artur Mas!). En el sur, más sueltos y tolerantes en lo personal. Por ejemplo, con la vida privada de los cargos públicos: “dels pecats del piu, Nostre Senyor se’n riu” dicen. O ante la corrupción: el norte es puritano y finge –lo finge– que se indigna. En el sur se mira algo más hacia otro lado, a ver si el mal aire escampa y la fiesta continúa.

Harán bien en conservar ese ánimo, tanto ji, ji, ji, y tanto ja, ja, ja. Porque las fiestas siempre se acaban. Y en eso el norte lleva cierta adelanto: llevamos semanas de dolorosa resaca.


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Primera opción para la banca

El punto más débil de la CAM, su gran fragilidad financiera en la tormentosa situación que vive estos días, es que su financiación mayorista (el dinero que debe al por mayor, que no procede de los depósitos de sus clientes) alcanza prácticamente un tercio de su balance, supera ampliamente los 20.000 millones de euros”, sentencia el máximo responsable de una de las grandes entidades financieras españolas que ha tenido acceso a la escasa información que la entidad alicantina ha facilitado a Santander, BBVA, La Caixa, Pastor y Sabadell para ver si alguno de ellos tiene interés en comprarla. La dependencia de la CAM de la fluidez y la tranquilidad del sistema interbancario, de la confianza de sus pares, para seguir con su actividad y no sufrir tensiones de liquidez es extrema.

En el actual estado de sensibilidad sobre el estado de salud del sistema bancario europeo, Irlanda ha revisado al alza, 24.000 millones más, la suma de dinero que necesita su sector financiero y con Portugal manteniéndose a flote no se sabe cuánto tiempo, es peligroso tener que fiarlo todo a que el BCE siga echando una mano y que los grandes inversores no se pongan nerviosos.

Pese a todo, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, intenta transmitir que el Banco de España tiene la situación controlada. El regulador asegura que la CAM no tiene en la actualidad problemas de solvencia y se ha sometido a un saneamiento profundo durante los últimos dos años. Ahora espera la nueva auditoría para ver si los datos reales acompañan las cifras facilitadas por el presidente de la CAM, Modesto Crespo al solicitar los 2.800 millones del FROB, el fondo de capital público encargado de nacionalizar a las entidades con más dificultades para asegurar su solvencia futura.

La confianza de Ordóñez es relativa. El pasado otoño, cuando arrancó la crisis irlandesa parecía que iba a dejar a España al margen, pero al final acabó embistiéndola casi a la griega. El cordón umbilical de la crisis de la eurozona es la fusión entre la deuda pública y la bancaria. Los bancos, endeudados hasta las cejas con sus colegas del norte y el centro de Europa, no pueden cumplir sus compromisos, que son asumidos entonces por los Estados, lo que dispara el déficit y la deuda pública y provoca su insolvencia.

En este contexto, el fracaso del proyecto de integración de la CAMcon otras tres cajas, encabezadas por CajaAstur, ha sentado muy mal en los mercados. Especialmente porque su coste previsto ha superado los cálculos del Banco de España, lo que ha reforzado los argumentos de quienes piensan que los 15.000 millones de Ordóñez para todo el sector quedan muy por debajo de las necesidades reales.

Quizás por eso, el recurso al FROB, la entrada del capital público en la CAM, es la alternativa menos deseada. O a lo mejor porque el porcentaje de participación sería demasiado contundente (atendiendo a los cálculos más comunes que circulan por el sector, no menos del 80%) e implicaría la nacionalización prácticamente total de la que fue la cuarta caja española y representa el 4% de los activos totales del sector financiero del país.

En cualquier caso, tanto el Banco de España como el Gobierno, más precisamente Elena Salgado en el Ministerio de Economía, y Bernardino León, desde la Moncloa, buscan afanosamente caballeros blancos candidatos a adquirir la atribulada entidad. No le han hecho ascos a nadie, ni a los fondos soberanos del Golfo, pese a su cuestionada legitimidad política en estos tiempos de revueltas en el mundo árabe, ni a operadores más agresivos como los fondos anglosajones. Ahora parece que algunos inversores estadounidenses están estudiando el expediente de la caja alicantina.

En el caso del Banco de España, ya es conocida su actitud de animar, por emplear una expresión que se escucha estos días en los pasillos del sólido edificio de la calle de Alcalá, a la banca a dar un paso al frente y comprar al primer gran competidor del lado de las cajas de ahorros que ha caído claramente en la lona.

Pero los banqueros que han recibido de manos de los representantes de la CAM el esmirriado expediente con apenas cuatro datos, no saben a qué atenerse. “El Banco de España tampoco nos ha dicho exactamente qué piensa. Y desde luego, tal como hemos visto las cosas tras analizar los primeros números, si no hay garantías futuras, será muy difícil”, dice el presidente de una de las entidades que, sin embargo, reconoce que la operación puede ser interesante. Es decir, reclaman un “esquema de protección de activos” que el Banco de España ya ha hecho saber que no contempla para este caso.

La oportunidad tan esperada por la banca –merendarse a sus competidores de las cajas– tiene aquí su primer envite. Las apuestas están a favor de Botín, aunque es mejor no fiarse de sus declaraciones pasadas sobre el asunto; ya se sabe que el cántabro, en lo que a compras y ventas se refiere cambia de opinión con facilidad. “Cada día tiene su afán”, respondió con picardía en una ocasión a un periodista que le recordó que sus palabras pasadas eran contradichas por sus hechos presentes.

Absolutamente en fuera de juego en esta partida está ya la comunidad autónoma. la Generalitat valenciana de Francisco Camps, teórica tuteladora de los avatares de la CAM, pero que apenas aspira a sobrevivir a sus achaques financieros sin sucumbir la víspera de las elecciones del 22 de mayo. Sin capacidad para hacer frente a las facturas de sus proveedores, con el sistema sanitario convertido en una gigantesca alfombra / tapadera de pagos pendientes, y con su presidente tocado políticamente desde el frente judicial, el Govern valenciano ve con resignación como escapa la CAM de su control, un déjà vu de lo que ya sucedió con Bancaja, a la sombra de Caja Madrid.

La partitura final de la historia de la CAM como caja de ahorros valenciana se está acabando de escribir a varias manos en Frankfurt, Madrid y, en el caso ciertamente muy improbable de que algún catalán, La Caixa o el Sabadell, decidiera apostar alguna cosa en esta opereta, Barcelona. Camps y Modesto Crespo han ejecutado ya esta semana su intrascendente mutis de la escena. De consuelo le puede servir a Camps pensar que, con más o menos deshonor, otros presidentes autonómicos padecerán un tormento similar.


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Batallas libias

LA batalla en el desierto libio carece de épica cinematográfica. Ni Rommel se retira en germánica desbandada con su Afrika Korps, ni Montgomery acaba de aplastar a los malos de la película. Vemos, eso sí, la precisión con que son destruidos desde el aire algunos acorazados que parecen reliquias de la Segunda Guerra Mundial. Observamos también a grupos de sublevados, carretera arriba, carretera abajo, quemando rueda sobre vehículos civiles con unas baterías de cohetes que jamás alcanzarán blanco alguno. Imágenes toscas, testimonios impresos, radiados y televisados donde los integrantes del autodenominado Ejército de la Libia Libre proclaman: “Dios nos ayuda”. La intervención de Alá debe de ser portentosa, porque sólo así se entiende que los insurgentes no hayan sido literalmente exterminados por los fieles a Gadafi. Pero tampoco vemos imágenes de masacres, salvo que el Tarantino aliado sea incapaz de grabarlas. Es una guerra con espejismos, donde lo único sobrenatural es la abrumadora maquinaria bélica desplegada por la OTAN, con EE.UU., el Reino Unido y Francia al frente. También la flotilla hispánica: seis aviones, una fragata y un sumergible. España no se pierde ni una, por algo somos el octavo exportador mundial de armamento. De hecho, vendíamos pertrechos de guerra a Libia hasta anteayer. Aunque, eso sí, nuestra odisea del amanecer es limitada. Nada que ver con el despliegue pirotécnico que lucen los misiles estadounidenses Tomahawk, de los que se han lanzado centenares a razón de 600.000 euros la unidad. Aquí somos más humildes. Nuestros cazas F-18 consumen unos 7.000 eurillos de nada en combustible por hora de vuelo. Eso sí, será mejor que no disparen o el PIB se nos hunde.


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Visionarios ciegos

Castellón acaba de inaugurar un aeropuerto sin aviones ni permiso de navegación, que ha costado 150 millones de euros. Carlos Fabra, presidente de la Diputación castellonense e impulsor de la obra, disculpó la ausencia de aeronaves con un argumento pintoresco: “Cualquiera que lo desee puede visitar las pistas de aterrizaje, la terminal y la torre de control, cosa que no podría hacer si fueran a despegar aviones”.

La iniciativa de Fabra, un cargo público de maneras caciquiles que acumula causas judiciales e ingresos sin justificar, abre un insospechado abanico de posibilidades constructivas: puertos sin barcos, autopistas sin coches, vías sin trenes, paseos marítimos sin mar... Cualquiera de estos equipamientos permitiría a los ociosos solazarse paseando por infraestructuras sin uso, como antes paseaban por el campo o la línea costera. “Eres un visionario”, piropeó el presidente valenciano, Francisco Camps, el día de la apertura del aeropuerto de Castellón, a un Fabra parapetado tras sus gafas de ciego. Y poco le faltó para añadir: ¿para cuándo el hotel sin camas, el museo sin arte, el restaurante sin cocina o los campos de golf sin agujeros? ¡Ya están tardando!

La idea aeroportuaria de Fabra –digámoslo todo– tiene precedentes. En lo que va de siglo se han construido en España cientos de miles de pisitos suburbiales, o frente al Mediterráneo, muchos de los cuales siguen intactos y desocupados porque eran innecesarios salvo para sus ávidos promotores. También se han edificado ciudades vacacionales –en marismas próximas al aeropuerto castellonense, por cierto– en las que además de playa, hoteles y apartamentos se perfilan canales venecianos, pistas de esquí, proyectos de campos de golf o de parques temáticos y una retahíla de equipamientos que, a la postre, se quedaron en el aire (sin necesidad, tampoco, de aviones).

Dicho esto, ya oigo a los fieles de Fabra tildándome de inmovilista: ¡Aváncese a su tiempo, hombre! ¡Sea visionario! ¿Se atrevería a criticar a Cerdà, que trazó un Eixample apto para máquinas de fuego (trenes), aunque luego lo cruzaron pocas? A lo que cabría responder: no es lo mismo un visionario que un codicioso, ni innovar por el bien futuro de la sociedad, cuando esta todavía no sabe imaginarlo, que destrozar el común patrimonio natural para facilitar operaciones egoístas, oscuras e insostenibles.

Semanas atrás, cenando junto a un conseller de la Generalitat valenciana, le anuncié el recorte del 10% que preparaba el Gobierno Mas para los presupuestos de la Generalitat. Y su respuesta, formulada en voz baja y con cara angustiada, fue esta: “Aquí estamos mucho peor, pero no decimos nada”... Algún día, más pronto que tarde, habrá que decir mucho del gasto público desenfrenado en general y de los aeropuertos sin aviones en particular. ¡Ay de ese día! ¡Ay de los visionarios cuando pierdan definitivamente la vista, cegados por la luz de los números!


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Esperando la buena noticia

Me encanta la nueva camiseta de la selección francesa de fútbol. Es la segunda, porque la primera sigue siendo azul. La estrenaron el martes, en el partido amistoso que disputaron contra Croacia. Es blanca y lleva franjas horizontales de color azul, muy delgadas. El resultado es espectacular. Es original, coherente y bella. Recuerda las camisetas de los marineros, franceses y no franceses. Y recuerda a Picasso en su estudio de La Californie, aunque en su camiseta las franjas eran anchas. Nike dice que hay un total de veintiuna, porque veintiuna fueron las batallas que Napoleón ganó. Lo que permite pensar que, de no haber perdido en Waterloo, en la camiseta habría veintidós franjas, o más. También la primera vestimenta se ha renovado. La camiseta sigue siendo azul, el pantalón blanco y las medias rojas, pero el azul es ahora más oscuro: como el de la bandera. Tras la declinante etapa de Raymond Domenech, Francia necesita chutarse moral y, allende los Pirineos, Napoleón es siempre pócima valorada. Ahora quien entrena a Francia es Laurent Blanc, aquel señor que, durante su etapa en el Barcelona a mediados de los noventa, era tan educado que Puyal lo llamaba siempre monsieur Blanc.

La segunda camiseta francesa sorprende en un panorama indumentario infestado de rutina. Las camisetas de los clubs cambian año tras año –hay que vender como sea, cada temporada–, pero lo hacen sin salir de una noria que repite siempre lo mismo. Lejos quedan aquellas décadas en las que, en Primera División, el Sabadell ponía el toque arlequinado en un mundo donde las zamarras o son lisas o con rayas verticales. Sorprende que haya tan pocas horizontales. Así, a bote pronto, me vienen a la memoria las del Granada CF (rojas y blancas) y las del Celtic FC de Glasgow (blancas y verdes, o bien negras y verdes fluorescentes). A principio de los setenta el Granada tomó la decisión de ponerlas horizontales para desmarcarse del resto de los equipos rojiblancos. Pues con esa decisión tan sencilla se han creado una espléndida imagen de marca. Pocos siguen su iniciativa. Es comosi creyesen que las franjas horizontales son cosa del rugby. Por eso es tan buena idea la segunda camiseta de Francia. No sólo las ponen horizontales (a principios del siglo XX Francia también llevó franjas azules y blancas, pero verticales) sino que ponen muchas y muy estrechas. Chapeau.

Mientras tanto, los barcelonistas seguiremos esperando que, un día, en uno de sus obligados cambios anuales de ropa, el FC Barcelona nos dé la buena noticia de decidirse a rendir homenaje al primer uniforme del club y nos presente una indumentaria formada por camiseta azulgrana y pantalones blancos. Sería ya hora de dejarnos de tonterías y reconocer que el blanco es uno de los tres colores primigenios del equipo, hecho incuestionable que algunos no quieren aceptar


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